PLAN ECONÓMICO APLICADO DURANTE LA DICTADURA MILITAR ARGENTINA
EL PLAN ECONÓMICO QUE APLICO LA DICTADURA MILITAR TUVO UN IDEÓLOGO: JOSÉ ALFREDO MARTÍNEZ DE HOZ.
SUS CONSECUENCIAS AUN HOY SE SIGUEN PAGANDO.
El plan económico anunciado el 2 de abril de 1976 fue creado por
José Alfredo Martínez de Hoz Sus primera medidas fueron congelar los
sueldos de los trabajadores, que quedaron bajo el control de la Nación.
El salario real ha llegado a sen niveles excesivamente alto con en
relación con la productividad de la economía afirmó el ministro en
1976. Esa política provocó que el ingreso de los trabajadores cayera un
40 % entre 1976 y 1980.
Se sacaron los controles de precios y se redujeron las retenciones
a las exportaciones y se inauguró el pedido de créditos a organismos
internacionales: la Argentina recibió del FMI 400 millones de dólares.
El slogan para los primeros meses de la dictadura fue: “achicar el
Estado es agrandar la Nación”.
En 1975, la inflación había subido más del 300 por ciento al año,
el PBI descendió un 1,4 por ciento y el PBI per cápita cayó un 3 por
ciento. Mientras, los precios al consumidor habían subido entre marzo
del ‘75 y enero del ‘76 un 566,3 por ciento. La respuesta que Martínez
de Hoz encuentra para parar la inflación fue la famosa “tablita". Un
sistema de devaluaciones preanunciadas para se supiera cómo y cuándo se
iba a devaluar. La tablita dio comienzo á la era de “la plata dulce” y
“al deme dos”.
LA PLATA DULCE: La etapa de la circulación de dinero que
producía más dinero fue denominada “la época de la plata dulce” y,
junto con endeudamiento externo, trajo grandes beneficios a los grandes
grupos económicos. Estos contraían una deuda en el exterior a una tasa
baja y luego invertían en Argentina, donde había una muy alta: con la
ganancia obtenida localmente abonaban la deuda externa y obtenían una
gran diferencia a su favor.
Los grandes grupos obtenían créditos pero no los invertían en la
producción sino en la especulación. A su vez, la clase media se dedicó
a invertir sus “pequeños” ahorros en las financieras, con tasas de
interés altísimas, y a aprovechar el dólar barato para viajar al
exterior y adquirir allí variedad de productos. Esa creciente
influencia del capital financiero significó la instalación de numerosos
bancos en el país, así como un importante proceso de concentración de,
estos. Sin embargo, el sector bancario en desarrollo sufrió crisis que
repercutieron directamente en el proyecto económico diseñado por la
dictadura.
El año 1980 fue el comienzo de un final anunciado: las
exportaciones cayeron un 20% respecto del año anterior, las
importaciones subieron un 30%, acompañadas por una nueva crisis mundial
que, para un proyecto basado en el mercado externo, era determinante.
En ese contexto se produjo el “crack bancario” de 1980, que puso fin a
la etapa de la denominada “plata dulce”. La quiebra del Banco de
Intercambio Regional (BIR) fue el primer indicador. Siguió el cierre de
otras 37 entidades financieras, que a su vez repercutió en sectores
industriales. El frente de la burguesía que hasta ese momento había
apoyado acríticamente al proyecto —sobre todo en su aspecto represivo—
reclamó una política de salvataje por parte del Estado frente al crack
industrial y financiero. A partir de allí, el plan pasó a retiro.
Fuente: Historia La Argentina Contemporánea Editorial A-Z
En realidad esta primera etapa del plan económico constituía una
puesta a punto de lo que vendría meses más tarde. El 1 de junio de 1977
la “ley de entidades financieras” libera el mercado de dinero y le da
garantía estatal a todos los depósitos a plazo fijo. Con esta norma, si
un banco quebraba, el Estado devolvía el dinero. Comenzó así la
especular y tristemente celebre "bicicleta financiera".
En octubre del ‘77, las tasas de interés alcanzaron un nivel del
135 por ciento anual. La distorsión de estemecanismo hizo que las
empresas tuvieran que endeudarse en el extranjero, la que debieron
pagar altas tasas para lograr financiación en el mercado local. Así,
mientras los plazos fijos y las financieras se reprodujeron ferozmente,
los que tomaron créditos hipotecarios durante esa epoca terminaron
pagando tasas usurarias: el ejemplo fue la de la recordada circular
1050 del Banco Central, que determinó que miles de ahorristas
terminaran pagando tasas siderales o que debieran entregarle sus
viviendas al banco, ya que los intereses, fijados por un mercado de
tasas que llegaron a mas del 100 por ciento al año, tornaba impagables
los préstamos.
En 1978, el plan de Martínez de Hoz dio indicios de ser un fracaso
total: la inflación anual llegó al 160 por ciento, y el PBI descendió
durante ese año cerca de un 3,2%. Al crecimiento nulo del país se le
sumaron los fuertes gastos del Estado: el 25 de junio del 1978 la
Argentina ganó el Campeonato Mundial de Fútbol. Ese mundial, organizado
en el país, costó cerca de US$ 500 millones, gasto que fue
completamente cubierto por el Estado.
La perversión del sistema financiero se
tomó difícil de dominar para el Gobierno: en 1979, los precios
minoristas crecieron en un 139,7 por ciento, y a capacidad de consumo
se redujo vertiginosamente. Al final, la distorsión la la banca terminó
por perforar a muchas entidades financieras, que no pudieron hacer
frente a sus obligaciones: el 28 de marzo de 1880 el Banco Central
ordenó la Intercambio Regional (BIR).
A fines de ese año, cerca de 23 entidades financieras habían
quebrado, casi todos bancos cooperativos o provinciales. El fracaso de
la gestión de Martínez de Hoz terminó por hacerse evidente cuando tuvo
que tomar una resolución drástica: el 3 de febrero de 1981 el peso fue
devaluado un 10 por ciento con relación al dólar. Con la economía en
contracción, la gestión de Martínez de Hoz finalizó en 1981, con el
reemplazo del teniente general Jorge Rafael Videla por el teniente
general Roberto Eduardo Viola en la presidencia de la Nación.
El 29 de marzo de 1981 asume un nuevo ministro, Lorenzo Sigaut
quien pasó a la historia por la frase “esta vez, el que apuesta al
dólar pierde”. Tan sólo un mes después el flamante ministro dispone una
nueva devaluación que provocó que el peso perdiera un 35 por ciento de
su valor con, respecto al dólar. Para colmo los créditos hipotecarios
se indexaron un 11 por ciento, la desocupación llegaba al 5 por ciento
y el RBI caía un 6 por ciento. En la segunda mitad de 1981 la recesión
comenzó a hacerse más intensa. La gestión de Sigaut sostuvo que las
líneas básicas de acción continuarían siendo las mismas.
Sigaut duró 9 meses los mismos que Roberto Viola que fue
reemplazado por Leopoldo Fortunato Galtieri. A fines de año el Ministro
de Economía fue reemplazado por uno de los hombres cercanos a Martínez
de Hoz y ex-Ministro de Economía durante el gobierno de Frondizi:
Roberto Alemana. Esta recomposición significaba el triunfo de una finta
política.
Los objetivos globales de Alemann eran bajar la tasa de inflación,
desregular y privatizar, en ese orden. Sus primeras medidas incluyeron
la reunificación del mercado cambiario, el restablecimiento de una tasa
de cambio flotante, nuevos impuestos sobre las exportaciones una
reducción de la dispersión de derechos de importación y el
congelamiento de los salarios del sed público.
Como consecuencia, la inflación declinó durante el primer cual de
1982 y empezó a notarse el fin período recesito. De todos modos, la
guerra Malvinas desatada el 2 de abril 1982 marcó un punto de inflexión
para el gobierno militar. La derrota de las Fuerzas Armadas argentinas
aceleró el proceso de deterioro d régimen y lo empujó a buscar una
trasmisión política que le permitiera transferir el poder.
Las decision económicas, entonces, estuvieron sujetas a los
vaivenes de la liberalización política: En julio de ese año general
Reynaldo Bignone reemplazó a Galtieri e inmediatamente inició diálogo
con los Sectores políticos. Su primer Ministro de Economía fue José
María Dagnino Pastore (ex ministro de la misma cartera durante gobierno
de Onganía), a quien acompañó, como presidente del Banco Central,
Domingo Cavallo.
Los principales hechos económicos estuvieron marcados por la
reforma financiera lanzada por Cavallo que provocó una escalada
inflacionaria. Dagnino Pastore y Cavallo dejaron sus puestos a media
los de agosto. El último Ministro de Economía del Proceso fue Jorge
Wehbe, quien implemente “administró” la crisis. Durante esos meses se
restablecieron negociaciones con el Fondo Monetario Internacional y se
volvió a implementar el control de precios y de las tasas de interés,
la inflación volvió dispararse en 1983 y el traspaso del poder al nuevo
gobierno constitucional se hizo en el marco de una acentuada crisis
económica.
Prácticamente todos los analistas coinciden en señalar que este
ultimo periodo de la dictadura, después de la guerra de Malvinas, dejó
una herencia nefasta que todos las argentinos siguen pagando.
Finalmente la dictadura militar y las política liberales aplicadas
por sus ministros de economía terminaron provocando la destrucción del
aparato productivo, el cierre de miles de empresas que dejaron en la
calle a otros tantos trabajadores. La deuda externa trepó hasta cifras
inconcebibles y el gobierno democrático de Raúl Alfonsín que asumió en
diciembre de 1983 debió cargar con una pesada herencia que luego
provoco su propia caída.
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