BERLIN. La locomotora europea no sólo se ha parado, sino
que retrocede a razón de un 1% mensual desde hace un semestre, la peor
recesión desde las ruinas de 1945. Ayer se supo que la economía alemana
ha perdido un 3,8% en el primer trimestre, tras dejarse un 2,2% en el
último de 2008.
El desempleo, sin embargo se mantiene practicamente
estable en el 8,6% y, mientras los analistas se rascan la cabeza,
algunos países miran con indisimulada envidia, entre ellos Estados
Unidos. Después de que el paro se desbordase y la economía tocase
fondo, tras la primera legislatura de los socialdemócratas, reformas
radicales del mercado laboral parecen hallarse tras la estabilidad
actual.
El primer trimestre ha sido más brutal de lo esperado,
según la Oficina Federal de Estadística en Wiesbaden. La tercera
economía del mundo se ha contraído un 6,7% en el último año, la caída
de las exportaciones en marzo en un 16%, respecto al año previo, marca
un declive en la Eurozona; en casa, el tradicional empujón al empleo de
primavera sólo ha creado en esta ocasión mil nuevos puestos, pero eso
es un record comparado con los miles destruídos a diario en Europa.
La furia sindical y de la nueva izquierda contra el
programa de reformas Agenda 2010, lanzado finalmente en el último año
del canciller Schröder y desarrollado luego por la gran coalición de
Merkel, se ha apagado ante la realidad. El comentarista económico Rolf
Wenkel recuerda en televisión que a seguido, de 2005 a 2007, Alemania
redujo su paro en un 22%; pese a la recesión flagrante, a finales de
2008 Alemania todavía seguía creando empleo, logrando incluso acabar el
año por debajo de la barrera simbólica de los tres millones de parados.
Pero Alemania, como campeona mundial de la exportación,
se está viendo más lastrada de lo esperado por la crisis global. El
déficit fiscal sigue siendo extraordinario, el ministro de Hacienda ya
avisa de un desfase de 50.000 millones, frente al record histórico de
40.000 millones en 1996, pero aún en 2010 aquél se duplicará hasta los
90.000 millones postergando cualquier posibilidad de retornar a los
ajustes marcados por el tratado de Maastricht.
Lo interesante para los analistas es que el mercado
laboral ha adquirido una mayor flexibilidad; tras las reformas llamadas
Hartz, el país europeo tradicionalmente con más puestos sin cubrir,
bajaba primero de un 12,7% a un 7,1% en poco más de dos años, y pese a
la debacle económica el mercado laboral está resistiendo. Las eternas
ayudas al desempleo habían logrado convertirse en un modo de vida que
impedía el reciclaje profesional y tampoco las empresas veían
incentivos en la formación y recalificación de sus trabajadores. Ahora
es la propia oficina de empleo la primera interesada en ofrecer cursos
y recolocar a sus parados. También el gobierno ha subvencionado un
tercio de los sueldos durante el reciclaje y, según el Instituto de
Investigación del Empleo, los trabajadores nuevamente formados tienden
a conservar su puesto cuando expira la ayuda.
Durante la crisis, algunos sectores como la automoción
están trabajando menos horas, los jóvenes solteros han visto reducir
sus horas y salarios hasta un 60% por el bien de conservar los puestos
y lo visible es que, en tanto no empeoren las cosas, la reforma ha
devuelto un mercado laboral menos sujeto a las grandes choques
económicos y que, además, ha reducido su lastre sobre el erario público
en un 27%.
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